Viñedo Adrianna: el terruño que puso al vino argentino en lo más alto

Por primera vez, dos botellas de nuestro país (y de un mismo terruño) llegaron a los 100 puntos en el ranking del enólogo Robert Parker.

Laura Catena, cuarta generación de viñateros, dialogó con Infobae sobre la importancia de este reconocimiento.

La publicación Wine Advocate es dirigida por Robert Parker Jr, uno de los enólogos más populares e influyentes de la industria vitivinícola que todos los años elabora un listado de vinos de todo el mundo, donde 100 es la puntuación máxima.

Este año, por primera vez en la historia de la publicación, dos vinos argentinos se sacaron la mejor nota posible. Otro dato llama la atención: los dos vienen del mismo viñedo Adrianna, de la bodega Catena Zapata, que ya había sido distinguida el año pasado por el mismo crítico en el marco de los premios Michelin.

Los dos vinos de 100 puntos que pusieron al vino argentino en la cima del ranking son Gran Enemigo Gualtallary Single Vineyard Cabernet Franc 2013 y Catena Zapata Adriana Vineyard Riverstone Malbec 2016.

Infobae dialogó con Laura Catena para saber más sobre este logro y la búsqueda incansable de dos generaciones para alcanzar lo que se creía imposible.

—¿Qué significa que los vinos argentinos lleguen por primera vez a los 100 puntos de Wine Advocate?

—En el año 2004, en sus predicciones a 10 años, cuando el vino argentino recién empezaba a ser reconocido en el mundo, Robert Parker predijo: "Malbec will make it big by 2015" (el Malbec triunfará en grande hacia 2015). Y así fue: el vino argentino le ganó inclusive al vino chileno en las exportaciones a EEUU.

"Make it big" no implica siempre un vino de relevancia para el mundo de los vinos coleccionables. Pero los 100 puntos sí. Lo que este honor nos dice es que hay un terruño en Argentina, específicamente en el viñedo Adrianna, que puede dar luz a un Grand Cru. ¿Y qué es un Grand Cru? Son vinos como Chateau Lafite, Margaux, Romanée Conti, Montrachet, que vienen de lugares únicos que tienen un suelo y clima particulares e irreproducibles. Sabores que los hacen inolvidales, profundos, reconocibles por su sabor y aroma y añejables.

Por eso es que estos vinos famosos se coleccionan, porque han demostrado históricamente que pueden adquirir complejidad con el tiempo. Este premio certifica que la Argentina tiene un terruño Grand Cru, el viñedo Adrianna, en Gualtallary, Mendoza, y esto es grandioso para el vino argentino.

—¿Cuáles son las características y la historia del viñedo Adrianna, de donde vienen los dos vinos?

—Mi padre plantó el viñedo Adrianna en Gualtallary en el año 1992 cuando allí no había viñedos. Inclusive su propio viticultor le dijo que hacía tanto frío a esa altura de casi 1.500 metros, que las uvas de vino no espumante no madurarían allí. También había mucho temor por las posibles heladas. Pero mi padre estaba buscando un clima frío donde hacer vinos con alta mineralidad, concentración y añejables y estipuló que el sol de montaña ayudaría a las uvas tintas a madurar.

Luego, con el trabajo que hicimos en el Catena Institute y con Alejandro Vigil, descubrimos que el viñedo Adrianna se hallaba en el cauce de un río seco que a través del tiempo, los terremotos, la actividad volcánica, eólica y glacial, se había ido moviendo y creando cientos de parcelas. Nuestro trabajo fue entender el comportamiento de cada una de las parcelas y entender el sabor de su vino, y diferenciar las mejores parcelas.

La vid necesita algo de estrés para producir grandes vinos, y este suelo nos regala sabores profundos, taninos estructurados y un aroma entre violeta, cuero y frutas azules que es inolvidable. El Cabernet Franc de El Enemigo viene de un suelo algo más profundo con calcáreo que resalta los aromas cabernet y la textura del vino.

—¿Qué une y qué diferencia a los dos vinos?

—Los une el increíble balance entre alta acidez natural, taninos que duran por minutos en la boca y aromas que cambian si uno deja el vino en la copa por una hora, y van evolucionando como el perfume más delicioso que se pueda imaginar.

Yo diría que el balance y capacidad de ser inolvidables es lo que los une. La acidez que imparte balance y mineralidad es la característica del viñedo por ser de zona fría. Pero sinceramente, el resto lo estamos estudiando. Todavía no entendemos del todo el efecto de cada piedrita, de cada microbio en el suelo. Pero sí sabemos que aunque el clima cambia en cada cosecha, estos dos vinos son distinguibles en sus aromas y sabores.
—¿Por qué son tan importantes todos estos detalles que hacen al terruño?

—Creo que nadie sabe exactamente el efecto de cada mineral, nutriente y factor del suelo. Lo estamos estudiando. Pero es al final una cuestión de prueba y error, de suerte, de generaciones que han aprendido a entender un lugar. Y es por eso que creo que las familias hacen los mejores vinos porque tienen la paciencia requerida, y nosotros los Catena, al menos, nunca nos damos por vencidos. Estamos en el vino desde el 1902, y ojalá por muchas generaciones más.

—¿Cómo fue su estudio y aprendizaje en torno al Malbec?

—Fundé el Catena Institute en el 1995 para estudiar las antiguas poblaciones de Malbec que existían en nuestro viñedo Angélica plantado en los 1920 y en la Argentina. Estas poblaciones antiguas de Malbec ya no existen en Europa, donde luego de la epidemia de la filoxera de los 1870, se replantó muy poco Malbec y sobre todo clones productivos. A ellos les había cansado la suceptibilidad del Malbec a la helada y los bajos rendimientos.
Aunque en el siglo XVIII y principios del XIX el Malbec era más importante y reconocido que el cabernet sauvignon en Burdeos. Pero el Cabernet es menos delicado que el Malbec y en esa época ellos buscaban los altos rendimientos. Inclusive esto fue un problema para el Malbec Argentino en los años 70, 80 e inclusive 90 cuando muchos lo reemplazaron por uvas más productivas.

Luego durante los últimos 15 años me he dedicado a entender el terruño mendocino, en particular el viñedo Adrianna, con el objetivo de entender todo sobre su terruño, desde la temperatura, a la intensidad solar, a los microbios del suelo, las piedritas y la felicidad de cada vid, cada plantita que se encuentra allí.

06/09/2018 Fuente