"La trampa que hizo San Martín para defender el vino cuyano" por Felipe Pigna

El diputado y gobernador de Mendoza, Tomás Godoy Cruz, impulsó un proyecto para eliminar impuestos sobre el vino producido en Cuyo.

En parte por la necesidad de obtener fondos para volcar al Ejército de los Andes, pero también con la vista puesta en fortalecer la economía cuyana, San Martín y sus colaboradores impulsaron planes de fomento agrícola, que incluyeron la venta de tierras públicas que hasta entonces no eran cultivadas.

Los cabildos y los diputados cuyanos en el Congreso que declaró la independencia formularon reclamos para que el Directorio bajase los excesivos impuestos y derechos de tránsito que pesaban sobre la producción de vinos, aguardientes y frutas secas.

El diputado, y más tarde gobernador de Mendoza, Tomás Godoy Cruz, presentó un proyecto para eliminar esas trabas, explicando que los pueblos de Mendoza y de San Juan habían dado reiteradas pruebas de desinterés y patriotismo, pero la carga impositiva que pesaba sobre sus productos asfixiaba su economía. También pensaba que los gravámenes al comercio exterior sólo fomentaban las rivalidades entre provincias.

Los vinos y aguardientes de Cuyo –decía Godoy Cruz–, a pesar de los aumentos de los derechos a los extranjeros, eran perjudicados por estos últimos”, y agregaba que la medida solicitada era adoptada por las distintas naciones para fomentar la industria nacional y que, a favor de la protección, llegarían a superar en calidad y desalojar a los vinos del exterior.

Al referirse a los derechos de exportación que percibía la Aduana de Buenos Aires, expresaba que una parte de los vinos de Cuyo se exportaban a Montevideo y Brasil, en cuyo casos los derechos de exportación recaían sobre los productos nacionales.

El proyecto fue rechazado por el Congreso, ya establecido en Buenos Aires.

En 1816, el general San Martín había podido demostrar con su sentido del humor y su vocación didáctica el valor de lo americano.

Mientras aceleraba la formación del ejército para iniciar sus campañas libertadoras, un día San Martín llamó a Manuel de Olazábal, entonces un muchacho de 16 años pero ya veterano de combate y teniente de Granaderos. El Libertador le tenía un gran aprecio y hacía poco lo había puesto al frente de su escolta.

Según narraría Olazábal: “En el momento en que entré, me preguntó: ¿A que no adivina lo que estoy haciendo? Hoy tendré a la mesa a Mosquera, a Arcos y a usted, y a los postres pediré estas botellas y verá lo que somos los americanos, que en todo damos preferencia al extranjero. A estas botellas de vino de Málaga, les he puesto ‘de Mendoza’, y a las de aquí, ‘de Málaga’.” Después de la comida, San Martín pidió los vinos y les dijo a sus invitados: Vamos a ver si están ustedes conformes conmigo sobre la supremacía de mi Mendocino.

Se sirvió primero el de Málaga con el rótulo ‘Mendoza’. Los convidados dijeron, a lo más, que era un rico vino pero que le faltaba fragancia.

Enseguida, se llenaron nuevas copas con el vino del letrero ‘Málaga’, pero que era de Mendoza.

Al momento prorrumpieron Mosquera y Arcos, diciendo: ¡Oh!, hay una inmensa diferencia, esto es exquisito, no hay punto de comparación… El general soltó la risa y les dijo: Caballeros, ustedes de vinos no entienden un diablo, y se dejan alucinar por rótulos extranjeros. Y enseguida les contó la trampa que había hecho.

Pero más allá del patriotismo de San Martín, como señalaba Godoy Cruz, las actitudes y disposiciones del gobierno central no hacían más que avivar las rivalidades internas, lo que en pocos años se hizo evidente con la disolución de las autoridades nacionales y el largo período de guerras civiles que se prolongó durante buena parte del siglo XIX.

26/08/2018 Fuente